| Causa Caballero Día 39

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El tribunal de la causa Caballero realizó la inspección ocular de la Alcaidía y de la Brigada (por calle Juan B. Justo) sobre la base de la descripción de tres ex presos políticos. El imputado Rodríguez Valiente reconoció la existencia de un Área Restringida en la Brigada. La causa continúa el 17 de noviembre.

Por Gonzalo Torres
El día n ° 39 de la causa que investiga los apremios ilegales en las cárceles del terrorismo de Estado comenzó en la Alcaidía, donde el tribunal recorrió los calabozos y el comedor donde se castigaba a los presos durante la ventosa y gris mañana del martes 9 de noviembre. Los ex detenidos políticos Carlos “Ratón” Aranda y Carlos Dante Peinó guiaron a los jueces por los pasillos húmedos y oscuros de la penitenciaría y describieron la arquitectura del lugar en los años setenta. Fue la primera vez que los testigos recorrieron los pasillos de la Alcaidía sin la obligación de poner brazos a la espalda y la cabeza gacha so pena de ligar una paliza por parte de Luis Galarza, Héctor Roldán, Francisco Álvarez y demás guardiacárceles.
“Muchas cosas están cambiadas, pero la estructura permanece igual”, manifestó Peinó al terminar la visita. El Ratón Aranda coincidió con su compañero de cautiverio durante la última dictadura cívico-militar: “Las condiciones no han variado, estábamos hacinados como se ve que están ahora los internos”, afirmó.
La inspección continuó en la Brigada de Investigaciones de calle Juan B. Justo, donde se sumaron el exdetenido Luis Albano Rossi y el imputado Rodríguez Valiente. Este último tuvo un lapsus de honestidad brutal: reconoció la existencia de un Área Restringida. La inspección en Jefatura fue reprogramada y es posible que sea levantada, como ya sucedió con el relevamiento en el Regimiento. La causa pasó a cuarto intermedio hasta el miércoles 17 de noviembre.
La causa por la Masacre de Margarita Belén reinicia el jueves 18 de noviembre con dos testigos: José María Romero (por querella), secretario de la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara de diputados que realizó el Informe sobre el la Masacre del 13 de diciembre de 1976, y Justo Perini, convocado por la defensa de los imputados. Todo el trámite fue registrado por trabajadores de la Comisión Provincial por la Memoria, que filmaron y dibujaron croquis.

ALCAIDÍA

Carlos "Ratón" Aranda, ex detenido político en la entrada de su celda, la número 2, a pocos metros del comedor donde fueron apaleadas las víctimas de la Masacre de Margarita Belén

Después de una breve espera en el hall de ingreso de la Alcaidía, jueces, testigos y compañía se constituyeron en el pabellón de la penitenciaría donde estaban recluidos los presos políticos; un lugar sucio, oscuro y húmedo al fondo de un pasillo. A unos pasos de la entrada al pabellón, el Ratón Aranda señaló el lugar donde estaba emplazado el calabozo de castigo. “Rigurosamente, a todos lo que ingresábamos nos daban una la paliza para marcarnos donde estábamos”, contó. Después de la “bienvenida”, los presos políticos eran ingresados a sus celdas.
El ingreso al pabellón lo franqueaba una reja corrediza. Justo enfrente de la reja había una abertura que fue amurada; era la entrada al comedor, donde los detenidos eran regularmente castigados. Mientras el Ratón Aranda describía lugares y situaciones a los jueces del tribunal, de una escalera cercana bajaba el sonido potente de un reggaeton: la edificación de la cárcel la convierte en una caja de resonancia. Dentro del pabellón, el Ratón describió las celdas: enrejadas y dispuestas de derecha a izquierda. En los setenta, el pasillo divisor era más profundo que en la actualidad: había 16 celdas (hoy no superan la mitad de la cifra). El Ratón Aranda contó que en la Alcaidía los detenidos por razones políticas padecieron un régimen de encierro absoluto: “No nos dejaban salir ni al patio”, afirmó. Peinó describió el estado de hacinamiento en el que sobrevivían: “En el verano, el olor nauseabundo que venía de los baños se impregnaba en todo”.

 

EL COMEDOR

Carlitos Peinó, el Flaco Paez, y el Ratón Aranda recorren el pasillo del pabellón en el que estuvieron detenidos 34 años atrás

Un galpón de techos altos, superficie cuadrada, con mesas y bancos de hormigón, paredes descascaradas y ventanales que filtraban un poco de luz, pero no dejaban ver el exterior. En el comedor de la Alcaidía comenzó la Masacre de Margarita Belén. Allí se castigó a garrote limpio a los detenidos que horas después serían fusilados en la Ruta 11.
Allí la comida debía ser ingerida a la carrera, por más caliente que estuviera. El apuro no era lo peor: “A las 3, o a las 4 de la mañana el oficial Ayala me hacía venir a salto de rana, me preguntaba por mi hermana y después de pegarme una paliza, me devolvía al pabellón”, contó el Ratón Aranda. En una de las paredes contiguas al pasillo pueden verse los vestigios de las puertas que comunicaban el comedor con el pabellón de detenidos políticos. “Los golpes se escuchaban perfectamente, el comedor estaba a un paso, y la misma edificación era una caja de resonancia”, explicó Peinó.

 

BRIGADA JUAN B. JUSTO

El torturador Rodríguez Valiente en la Brigada de calle Juan B. Justo

A media mañana el contingente partió hacia el centro de la ciudad, rumbo a la calle Juan B. Justo n° 473, donde tenía su asiento la Brigada Investigaciones, en 1975. En este tramo de la jornada se sumaron el exdetenido Luis Albano Rossi y el imputado José Rodríguez Valiente, junto con su abogado Juan Manuel Costilla. Todo el mundo se apretujó en los pasillos de no más de un metro de ancho para escuchar a los exdetenidos y al imputado.
La arquitectura del edificio fue trasformada. Tenía dos patios; el primero tenía un aljibe. En el patio posterior estaban los calabozos. Carlos Dante Peinó recordó que en uno de esos calabozos le tomó declaración Rodríguez Valiente. “Me preguntaba insistentemente por Gladys Gómez (desaparecida por muchos años, su cadáver fue encontrado hace poco en una fosa común en Santa Fe, con un disparo en la nuca), me decía que si la agarraban a ella a mí soltaban”.
Rodríguez Valiente colaboró con la descripción del lugar y coincidió en varios puntos del relato de los exdetenidos. “Trato de ubicarme porque todo está muy modificado, el patio que está ahora no existía. Había un portoncito de marco metálico. Las celdas tenían piso de tierra, pero yo no pasaba por ahí”, aclaró.
Dijo que la “entrada sigue prácticamente igual, salvo por una mampara divisoria, que no existía en ese momento” . Señaló la existencia de un departamento de informaciones y a la derecha la sección de Investigaciones, y reconoció la existencia un Área Restringida. La franqueza del imputado por torturas al momento de describir el lugar sorprendió a uno de los ex detenidos:  “Al final… este tipo estuvo mejor que nosotros”, bromeó.

Comisión Provincial por la Memoria | Desarrollo: Juan Facundo Uferer Ferreyra