| CAUSA CABALLERO DIA 23 DE AUDIENCIA

Declararon tres ex detenidos: Gerardo Delgado, Rodolfo Sobcko y Vicente Cantero. La crueldad de los verdugos, la entereza de los sobrevivientes, y una historia larga de impunidades que van deshaciéndose al tranco del primer juicio por crímenes de lesa humanidad en la provincia; apenas el comienzo.

Por Gonzalo Torres

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Así calificó Rodolfo Sobko a la Brigada de Investigaciones. Durante la audiencia también declararon Gerardo Delgado (dibujo de Juan Britos) y Vicente Canteros. Sufrimiento y desaparición del matrimonio de Pedro y Sara Morel. 

Por Marcos Salomón

El juicio oral y público por la Causa Caballero fue largo e intenso, a pesar de que sólo declararon ayer tres testigos, todos ex presos políticos: Gerardo Delgado, Rodolfo “Rody” Sobko y Vicente “Plantita” Canteros, que fueron sumamente precisos y detallistas en sus relatos.

En contraposición a un día con víctimas directas de la tortura, para la vigésimo cuarta jornada del juicio declararán hoy todos policías (cinco en total, aunque ya uno está casi descartado, anticipó la Secretaría del Tribunal Oral Federal de Resistencia).
Sobko y Delgado pasaron juntos parte de su detención de en la Brigada de Investigaciones. Canteros, oriundo de Tras Isletas, cayó cuando los anteriores ya estaban en la Alcaidía policial.

PEDRO
Y SARA
La historia del matrimonio de Pedro Morel y Sara Fulvia Ayala volvió al centro de la escena, ya que tanto Delgado como Sobko fueron testigos de las vejaciones a las que fue sometida ella y del estropeado estado físico de él.
El relato era seguido por Viviana –hija de Pedro y Sara-, que lloró en varias oportunidades al escuchar las crueldades a las que eran sometidos sus padres. Con Sobko la une además otra situación particular: ella y un sobrino de Rody fueron dejados en manos de unos ancianos, en provincia de Buenos Aires, cuando son detenido-secuestrados los progenitores de ambos bebés, de menos de dos años.
Pedro tenía todo el cuerpo lastimado, apenes podía moverse, y “tenía uno de los testículos hasta la rodilla”, coincidieron Sobko y Delgado. Como Rody es médico, lo revisó y le hizo “tomar orín, porque estaba deshidratado, y tirarse orín por las heridas, ya que tenía infecciones”, recordó el que fuera director de Maternidad e Infancia del gobierno provincial en los 70.

SARA-ANA
Sobko conoció en la ex Madre y el Niño -donde hoy funciona el casino- a Sara, pero bajo el alias de Ana. Entonces, cada vez que la nombraba decía todos los nombres: Ana Sara Fulvia Ayala de Morel.
En el mismo calabozo de Sara, junto al de su esposo -también eran impotentes testigos Sobko y Delgado- los guardias entraban y la vejaban. La mujer trataba de soportar en silencio, pero cuando gritaba Pedro “se volvía loco y comenzaba a gritar. A veces, todos gritábamos para que él no oyera”, recordaron. “Los torturadores Borda y Chuleta eran los violadores”, se complementaron en el reconocimiento.
En ese piso de la Brigada estuvieron Rogelio Tomassella, que fue torturado por tratar de defender a la mujer, aunque sea a los gritos; Dito Martínez, el policía federal riojano Oviedo, un dirigente rural de apellido Arce, que “es sacado por Borda y nunca más lo volvimos a ver”, precisó Delgado.
“Otra mujer que sufrió las peores vejaciones es Rosa Alcaraz”, recordó. La ex presa política tiene hoy problemas mentales y permanece recluida en su casa.

LA PATA JUDICIAL
Al recuperar su libertad, Delgado quedó con muchos temores, que fueron ciertos cuando fue detenido por segunda vez. Ante esa situación, recurre al ex fiscal Roberto Mazzoni.
“Por pedido de Mazzoni me presentaba todas las mañanas y tardes a un viejo bar sobre la ex Antártida Argentina (hoy peatonal) a tomar un café”.
Así durante una semana. En esos 7 días “caminos por todo el centro, con él (por Mazzoni) tomándome del hombro. Fuimos a la plaza central (justo enfrente funcionaba la Brigada de Investigaciones)”. En fin, fue una especie de salvoconducto para poder circular por Resistencia sin ser detenido por la Patota.
Ya en democracia, Delgado tuvo que recurrir a un abogado, “Polo” Legal en este caso, para que el Juzgado Federal de Resistencia le tomara la denuncia sobre lo que pasó con el matrimonio de Pedro y Sara Fulvia.

EL CÓNCLAVE
Durante su cautiverio pasó varias horas (“Me hice pis y caca” señaló Sobko para marcar el tiempo que transcurrido) al lado del baño de oficiales, junto a la puerta de lo que él denominó “cónclave”.
El “cónclave” reunía a militares: Jorge Larrateguy, jefe del Área 233; Tadeo Luis Bettolli, José Luis Patetta (ambos imputados), Hornos; los policías Carlos Thomas, Wenceslado Ceniquel, José María Cardozo, Gabino Manader, José Francisco Rodríguez Valiente (imputados). “Decidían quién vivía y quién moría”, sentenció Sobko.
En ese contexto, explicó que la Brigada “era una máquina de torturar y matar” y disparó otra afirmación contundente: “La técnica para torturar y matar es la misma a la usada durante el Holocausto”.

CHISPAZOS
Justo cuando estaba declarando Rody, se produjeron los mayores chispazos. El primero estalló cuando denunció que la guardia dura de la Alcaidía, entre ellos el imputado Oscar Galarza, tenía relación directa con la Patota de la Brigada.
Galarza levantaba la mano pidiendo la palabra, como si estuviese en clases y no imputado en una sala de audiencias. El presidente del Tribunal Oral Federal, Víctor Alonso, lo retó: “Si quiere declarar, hágalo en el estrado”. Los ímpetus del ex guardia de la Alcaidía se aplacaron para aclarar que iba a “declarar oportunamente”.
En otra escena chispeante, el mismo juez también repartió advertencias hacia la defensa (Oscar Gómez) y la fiscalía Ad hoc (Carlos Amad).
Y la tensión que cerró la declaración de Sobko se produjo cuando el defensor Ricardo Osuna insistía en preguntarle por el tamaño del espejo que escondía en su celda de la Alcaidía: “Si era de este tamaño (dibujó con el dedo en el aire una especie de rectángulo un poco más grande que un libro) no estaría acá declarando, estaría desaparecido”.

FLOR DE
PLANTITA
Cerró la lista de testigos Vicente “Plantita” Canteros, militante de Ligas Agrarias, de 1,96 metros, con manos inmensas de basquetbolista y una cara de tranquilidad absoluta, que es inmutable.
Fue detenido en Tres Isletas, donde trabajaba la tierra. La detención-secuestro era un operativo conjunto bajo las órdenes del imputado Bettolli, quien “conecta la picana para ganado y me aplica corriente en la cabeza”. La tortura se producía en una casa frente al INTA Sáenz Peña.
Identificó a sus torturadores allá por 1977: Thomas, Chuleta Cardozo, Manader, Rodríguez Valiente (ambos imputados) y los militares Bettolli, Ricardo Reyes, Aldo Martínez Segón y Jorge Carnero Sabol (estos tres últimos venían de participar en la Masacre de Margarita Belén y hoy están sentados en el banquillo de los acusados).
Plantita pasó unos 59 días en la Brigada de Investigaciones, de los cuales soportó 52 días de tortura, 49 de ellos en un sótano. Convencido de lo que declaró, terminó de declarar, se paró en el estrado (lo que lo convertía en un gigante en el medio de la sala de audiencias) y se despidió haciendo la V de la victoria.

Comisión Provincial por la Memoria | Desarrollo: Juan Facundo Uferer Ferreyra