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GRACIELA DE LA ROSA – “PATRICIO TIERNO, CUERPO 6 / 21”

La diputada nacional por el Frente para la Victoria relató una síntesis de lo que sufrió en la Brigada después de ser detenida junto a su pareja Patricio Blas Tierno el 15 de mayo de 1976, materia de investigación de la causa Caballero. Se enteró de la Masacre por los diarios, el 14 de diciembre, y nunca la relacionó con Patricio. Recién supo de su muerte a mediados de enero, cuando el hijo de ambos era un bebé recién nacido. La noticia hizo que se le cortara la leche por dos días.
A fines de diciembre los Tierno visitaron el regimiento de La Liguria para ver a su hijo. En ese momento el fiscal Raúl Tierno estaba realizando gestiones ante el monseñor Marossi y el Coronel Nicolaides para realizar el casamiento de Graciela y Patricio. En la Liguria les dicen que tienen que para ver a Patricio debían pedir autorización en Corrientes, donde niegan tener conocimiento alguno del caso y les dicen que regresen a la Liguria, donde finalmente les informan que Patricio había sido “muerto en un enfrentamiento”. Destruida por el dolor, la madre de Patricio les gritó que eran unos asesinos y exigió que le entreguen el cuerpo, que no iba a moverse del lugar hasta conseguirlo.
César Sanchez, allegado a la familia de Graciela, fue al cementerio a reconocer el cadáver; allí un oficinista le pide el nombre y el apellido y revisa una libreta donde había consignados 21 cuerpos. El de Patricio era el sexto.
En una zona apartada del cementerio encontraron el lugar, marcado con unos palitos o cruces que hacían de referencia. La zona estaba muy embarrada, y tuvieron que esforzare y cavar suficiente para sacar el cajón, tan precario que parecía un cajón de manzanas.
El cuerpo de Patricio estaba boca abajo, “hinchado, negro y verde”, contó Graciela que le describió su madre a partir de lo vivido por César, que había conocido a Patricio y con quien varias veces jugaba al futbol en Formosa. Tenía el rostro totalmente deshecho, lo reconocieron por las piezas dentales, y no había relación con el resto del cuerpo, que estaba “como si hubiera sido lavado”. En los tobillos y muñecas permanecían visibles las marcas de los alambres con los que lo habían colgado y tenía un orificio de bala en la ingle.

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Comisión Provincial por la Memoria | Desarrollo: Juan Facundo Uferer Ferreyra