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Fiscales Jorge Auat y Diego Vigay

 

Palabras del fiscal Diego Vigay durante el alegato del Ministerio Público. La Fiscalía concluirá su alegato durante la jornada del jueves, desde las siete de la mañana. Los argumentos de la defensa oficial serán escuchados el 4 de abril.

Por Gonzalo Torres / Prensa Comisión Provincial por la Memoria Chaco

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Palabras de Gustavo Piérola durante la declaración indagatoria de Norberto Tozzo, imputado por la desaparición de su hermano y de otros tres presos políticos en la Masacre de Margarita Belén. La causa pasó a cuarto intermedio hasta el 19 de marzo,  cuando comenzará la ronda de alegatos de Querella y Fiscalía. (más…)

Por Norma Cajal (*)

Una calle… una esquina,
“un lugar en la tierra”
la cita de Pablo.
Quise saber su nombre,
siempre,
desde aquel ayer inesperado
para nombrar en mis recuerdos,
al chico de blanco guardapolvo.

Al joven que el amor
le pintaba una perfecta sonrisa en la cara.
A aquel que la pasión prometida, y la presencia de su amada
encendía como chispas
su tierna y franca mirada.
La primavera de su vida
no esperó que los chivatos incendiaran las calles.
Los ángeles estaban ausentes
ese día, esa mañana…
viajaban con él las preguntas del mañana.
Cazadores furtivos lo esperaban.

Pablo llevaba consigo, el eco,
el sonido de las últimas palabras,
cigarrillos y una Bic
en su camisa clara.
Pablo tenía una cita
en esa esquina, en esa calle.

Radiante primavera su vida y
su sangre..
Ningún presagio, una sombra
ninguna brisa que le anticipara
el olor nauseabundo de la muerte.

Balas cobardes, certeras
por la espalda
hicieron trizas sus sueños.
Su orgullosa sangre correntina
regó de tragedia
nuestro suelo y nuestra historia.

Su mirada incrédula apagó la luz de ese día
y la noche se hizo larga.

La vida no quería perder a Pablo…
… Un último beso de mujer enamorada,
le encendía la piel cuando su vida se apagaba..

La memoria me pide a gritos
que no calle..
La cobardía cambó su cita a un lugar más lejano…
no era en el cielo la cita de Pablo.

(*) Esposa de “Lucho” Díaz, una de las víctimas de la Masacre de Margarita Belén. Homenaje a Pablo Martinelli, estudiante correntino fusilado en plena vía pública y a la luz del día en nuestra ciudad, en noviembre de 1976.

La causa que investiga crímenes de lesa humanidad en Goya comienza el 4 de mayo en Corrientes capital

Se juzga a cuatro policías, tres militares y un prefecto por desapariciones forzadas y torturas en centros clandestinos de Goya durante la última dictadura. Organismos de Derechos Humanos de Chaco acompañarán el comienzo del juicio.

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Una audiencia al rojo vivo por contradicciones entre testigos

 

 

El ministro de Educación Francisco Romero fue el primero en declarar. Luego lo hizo el ex soldado Alfredo Maidana. Hubo desmentidas en torno a un libro autobiográfico con relatos sobre los fusilamientos de 1976. Pruebas presentadas y testigos citados para desentrañar las refutaciones.

Por Marcos Salomón

La cuadragésima jornada del juicio oral y público por la Masacre de Margarita Belén prometía ser especial y no defraudó, con las declaraciones del ministro de Educación Francisco Romero y del soldado clase 55, Alfredo Maidana (testigo clave por ser un potencial sobreviviente de los fusilamientos del 13 de diciembre de 1976), que dejaron una audiencia más caliente que los 41º que marcaba el termómetro.
Cuando el ministro Romero se retiró del Tribunal Oral Federal, tras su precisa y contundente declaración, jamás imaginó la tormenta que sobrevendría luego. La tempestad sobrevino con el testimonio del ex soldado Maidana.
Para entender la historia es preciso contar su comienzo, que se remonta al año 2003, cuando Maidana buscaba “un corrector –como él mismo lo denominó- que sea  profesor en Letras” para el libro que quería escribir, contando su historia como soldado clase 55 que cumplió el servicio militar obligatorio en 1976.

EL RELATO

Con precisión de escritor, el ministro Romero declaró que su relación con Maidana data de 2003, cuando lo conoce por medio de María “Chiquita” Macdonald, ex responsable del Área Literaria de la entonces Subsecretaría de Cultura de Chaco, hasta donde llegó presentado por María Catalina Romero “Negrita” Godoy, ex directora del Centro Cultural Leopoldo Marechal.
De esa entrevista surgen una serie de entrevistas que comienzan el 16 de octubre de 2003 y continúan el 13 de noviembre y la última –grabada- el 4 de diciembre de 2003. En este último encuentro, se grabaron tres casetes (de los de cinta), que iban a ser la base del libro de Maidana.
“Iba a tener cariz autobiográfico, por lo que yo le advertí sobre las consecuencias legales que podía implicar”, relató Romero durante el juicio. De esa charla fue testigo “Chiquita” Macdonald. Igual, Maidana “ya tenía un título en mente: Los del medio”.
Se buscó otro testigo para cotejar la información, un soldado de apellido Canteros (que habría sido chofer de Jorge Larrateguy, jefe del Área Militar 233), pero se negó a contar su historia por temor a represalias. Luego, el fervor de Maidana se fue apagando.
En 2004, Romero facilita las desgrabaciones a Amanda Mayor de Piérola  (madre de Fernando, una de las víctimas de la Masacre). Cinco años después, como subsecretario de Cultura, primero y como presidente del Instituto de Cultura después, le vuelve a ofrecer editar el libro, con un capítulo donde contaba -con pormenorizada precisión- que había sido un sobreviviente de los fusilamientos del 13 de diciembre de 1976 y cómo  había sido el día previo en el ex Grupo de Artillería 7 (hoy Base de Apoyo Logístico).
Así, Maidana y Romero vuelven a reencontrarse en 2009. Aunque en este caso, el encargado de ser “corrector” fue Alfredo Germiniani, jefe de Prensa del Ministerio de Educación de Chaco, que fue intercambiando correos electrónicos con Alfredo Maidana (hijo del soldado-escritor) sobre el avance del libro y el contrato pertinente para su publicación.
Tras contar pormenores del relato de Maidana sobre la Masacre, que iban a formar parte del libro –y que pusieron de peculiar mal humor a los imputados-, el ministro Romero se retiró dejando las grabaciones y copias impresas de las epístolas vía Internet.

LA TORMENTA

Cuando todo parecía un mero trámite, Maidana, que se dijo escritor y de profesión bicicletero, contó que su ambición fue “contar en un libro sobre el servicio militar, contando mis viviendas con otros soldados y dejar alguna enseñanza”.
Reconoció que Francisco, como lo llamaba al ministro Romero, fue su “corrector”, pero disparó: “Me siento defraudado por él. Abusó de mi buena fe, me hizo grabar cosas. No me haga cargo porque esas son letras que él me dio (sic). El capítulo sobre Margarita Belén no era parte del libro, era ficción”. Para rematar: “Me ofreció $ 5.000 mil, no sé si por el libro o para declarar”.
Y, como prueba, entregó el borrador de contrato, las muestras de tapa (pruebas de galera) y se quejó porque “ni siquiera era mi título”, aunque luego nunca supo decir cuál era su propuesta para titular el libro, y solo divagó sobre sugerencias –poco originales- de algunos clientes o amigos a los que les contaba sobre su aventura como escritor.
Maidana narró que un encuentro con Romero, en 2009, realizado en Margarita Belén, fue presenciado por el juez de paz José Luis Pontón. Y siguió hablando de presiones, hasta para “hablar con un paleontólogo (sic)”, dato que desconcertó a todos por igual.
Tras tirar con munición gruesa contra el ministro, dijo que “nunca fue comando, sino un soldado más que limpiaba el Regimiento, cortaba el pasto, barría (sic)”. Y que entre el 10 y 25 de diciembre de 1976, estuvo de vacaciones para pasar Navidad con su familia.

CONTRADICCIONES

Por más que fiscales, querellantes y hasta los jueces del Tribunal Oral Federal intentaran entender la lógica de Maidana: que leyó un libreto escrito por Romero, que lo grabó para después usarlo en un capítulo de un libro, no podían hacer que el ex soldado explicara a ciencia cierta el proceso de armado de los textos.
Lo más claro que se logró establecer fue que Maidana ni siquiera sabía quién era Facundo Serrano, ex dictador de Chaco en la década del 70 (tras una pregunta del abogado Duilio Ramírez).
A partir de allí, el soldado-escritor entró en una espiral de contradicciones, llegando a decir que “todo lo que quería contar era ficción”, que en realidad “eran sus vivencias como soldado, las de su tío y de otros soldados”. De su paso por el Ejército, sacó como enseñanza: saber cortar el pasto, barrer, cocinar y un largo etcétera que en algún caso incluyó la alfabetización (a esa altura los imputados lo aplaudían, como no sucedió con ningún otro testigo).

GRABACIONES

La audiencia era la caldera del diablo hasta que entró en la ebullición imaginable, con chicanas y cruces leguleyos a cada paso. Tras un cuarto intermedio, se decidió escuchar las grabaciones.
Tras escuchar algunos fragmentos sueltos, quedó claro que habló sobre la Masacre tras preguntas puntuales de Romero (en esos pocos minutos que se escucharon, no parece que Maidana esté leyendo un libreto si no contestando a un interrogatorio concreto).
Y para ser un simple cortador de pasto, en otro fragmento de la cinta se escuchó al ex soldado narrar una incursión contra los “subversivos”, que tenían armas que extrajeron tras el copamiento del Regimiento de Monte 29, en Formosa.
Las cintas, los correos electrónicos, las pruebas de galera de la tapa del libro pasaron ahora a ser pruebas clave para tratar de dilucidar este intríngulis. A lo que se suman nuevos testigos: sea en audiencia especial o el próximo jueves 9 (posponiendo las inspecciones oculares), “Chiquita” Macdonald, “Negrita” Godoy, Alfredo Germiniani y Alfredo Maidana deberán comparecer ante el Tribunal Oral Federal.

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Fue lo que vieron el 13 de diciembre los hermanos Martín y Amadeo Pegoraro en la Ruta 11 cerca de la zona de la Masacre de Margarita Belén. También declaró -por segunda vez- el ex soldado Alfredo Pegoraro. El jueves se realiza la inspección ocular en el lugar de los hechos.

Por Gonzalo Torres
El trigésimo sexto día de audiencia de la causa que investiga la Masacre de Margarita Belén tuvo tres testigos de la familia Pegoraro: los hermanos Martín y Amadeo y el ex soldado Alfredo, pariente lejano de los primeros, que fue convocado para ampliar su declaración de principios de septiembre. Los hermanos Pegoraro contaron cómo vieron cuatro cuerpos amontonados, con manchas de sangre, y un coche de color blanco al costado del camino en la ruta 11 a primeras horas de la mañana del 13 de diciembre de 1976. (más…)

Un fallo pone al exfiscal Mazzoni en la cuerda floja

La Justicia Federal revocó el sobreseimiento que le habían dictado al funcionario
judicial jubilado. Al menos dos testimonios lo sitúan en situaciones de torturas y lo
acusan directamente de “aprietes”.

Por Marcos Salomón
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Se cumplió el día 32 de la causa que investiga el fusilamiento clandestino de detenidos políticos el 13 de diciembre con un solo testimonio, el de Cesar Sánchez, quien reconoció el cadáver de Patricio Blas Tierno en el cementerio de Resistencia junto con otras “16 0 21 “fosas. La semana que viene no hay audiencias, por lo cual la causa pasa a cuarto intermedio hasta el 20 de septiembre. El exconscripto Alfredo Pegoraro, con un testimonio plagado de contradicciones, deberá declarar otra vez.

Por Gonzalo Torres

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(Causa Masacre de Margarita Belén – día 30)

 

Macizo, pelo cortado al ras, gruesos bigotes y una mirada marcial. 64 años. No hace falta mucha imaginación para sacarle la ficha: policía federal. De los hechos que investiga la causa se enteró por la radio. Era íntimo amigo de Ruíz Pío Villasuso, y estuvo con él cuando lo apuñalaron de muerte tres veces durante un asado en un campo de General San Martín.

Este sargento (RE) de la Policía Federal en Corrientes integraba la custodia del General Cristino Nicolaides, jefe de la Séptima Brigada de Infantería con asiento en Corrientes, la máxima autoridad militar en el Nordeste. Camino no tuvo trato ni cercanía con Nicolaides; custodiaba al general en el trayecto de Santa Ana a la sede del Comando, y también a su familia.
Como fue propuesto por la defensa, el doctor Pujol inauguró la ronda de preguntas. Le preguntó si recordaba haber declarado con anterioridad y ante la respuesta negativa del testigo, insistió: “¿No recuerda haber denunciado la sustracción de unos papeles?”.
Camino reconoció entonces una citación por una denuncia de Villasuso, de quien era muy amigo, pero alegó que eran muchos los años que habían pasado y que no recordaba nada más del asunto. Dijo que como todo el mundo lo veía siempre en compañía de “Ucho”, le endilgaban a él muchas de las acciones de Villasuso… La respuesta no convenció al tribunal, por lo cual la jueza Yunnes le advirtió que se encontraba bajo juramento y lo intimó a que hiciera memoria, y contestara cuál era el motivo de la citación. “Denunció a la policía del Chaco”, concedió entonces el policía retirado.
En ese momento, desde la defensa se informó que integra la documental de la causa una declaración de Camino ante un teniente coronel de apellido Meza en sede de instrucción militar y se le pidió que reconociera la firma. El Tribunal decidió dejar el tramite para después de finalizado el cuestionario de las partes.
Continuó Bosch, por la querella: “¿El señor Villasuso le hizo algún comentario que confirme o desmienta lo que usted escuchó por la radio?”.
Camino respondió que “lo de Margarita Belén era de público conocimiento” y que “Ucho” acusaba a “Thomas, Manader y a la Policía del Chaco”. Después de mucha insistencia por parte de la querella, el testigo relató que Villasuso decía que no había sido un enfrentamiento.
Luego dio una descripción de su amigo: “Ucho era peronista y trabajaba con nosotros en la Juventud; su papá había sido ministro”. Relató que en 1976 Villasuso era un “playboy, corría carreras de autos, y él solventaba los gastos”. Nominalmente, su trabajo era la Dirección del Servicio Nacional de Chagas.
Ruiz Villasuso militó en el peronismo y fue procesado por contrabando después del golpe de 1955. Según su versión del 13 de diciembre de 1976, lo ocurrido no fue un enfrentamiento sino un asesinato colectivo de detenidos políticos, con participación de militares y policías.
Sobre los últimos años de su amigo dijo que para ese tiempo “Ucho vivía intoxicado todo el día, desayunaba tres medidas de whisky, tenía un día fresco y cinco mal”. Sin que a nadie se le ocurriera preguntarle si estuvo presente cuando Villasuso fue apuñalado, Camino manifestó: “Cuando le pegan la puñalada estaba en total estado de ebriedad”. Relató que estaba un grupo grande de personas en el casco de una estancia de Villasuso, a 35 kilómetros de General San Martín, y de pronto apareció un policía de civil en una bicicleta. Cuando Villasuso se entera de que el recién llegado era un policía pega un salto y lo encara diciéndole que estaba invadiendo su domicilio.
Entonces el policía lo apuñala en la boca del estómago. Villasuso se dobla de dolor y su atacante lo apuñala dos veces más, de costado. Camino refirió los hechos acompañando el relato con gestos de su cara y movimientos y poses de su cuerpo. “Ucho estaba tomando desde las cinco de la mañana; por los agujeros le salían pedazos de asado y vino”, precisó, y varios en la sala arquearon las cejas. La jueza Yunnes torció la cara a un lado en un ademán de sorpresa y rechazo. Varios fueron tentados por el humor negro al ver la representación del testigo, inclinado y tomándose la barriga con una mano mientras con la otra intentaba atrapar un pedazo de tripa invisible.
Desde la fiscalía le preguntaron a Camino si su amigo había manifestado deseos de declarar ante la Comisión Investigadora de Derechos Humanos antes del ataque. Camino respondió afirmativamente: “Él quería denunciar los abusos y las cosas turbias que pasaban con la Policía del Chaco, que estaba enemistada con él”. Según el testigo, Villasuso decía que la policía chaqueña le había “plantado” un paquete de dólares falsos para inventarle una causa, en 1979.
Al final de su declaración, Camino reconoció su firma, pero dijo no recordar lo que había declarado en esa oportunidad. Ese fue el final de su testimonio, y de la audiencia, que pasó a cuarto intermedio hasta el miércoles 6 de octubre.

El ex detenido Raúl Junco relató los apremios que sufrió en la Brigada y las consecuencias físicas y psicológicas del terrorismo de Estado. Laureano Guzmán , Leopoldo Jordan y los hermanos Ángel y Héctor Berger describieron la persecución al movimiento agrario.

Por Gonzalo Torres
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